“Somos 12 y egresamos en 1985. ¡Antes que Sarmiento!”, bromea y se ríe Patricia, mientras se acomodan para volver a sacarse una foto grupal. El destino no fue elegido al azar. “Elegimos Tucumán porque una de nuestras compañeras, Rosita, vive acá. Ella nació en Tafí del Valle, después se fue a Buenos Aires por trabajo y estudio, y hace tres años volvió a vivir acá. Vinimos a visitarla”, explica.
No es la primera vez que llegan a la provincia. “Ya conocíamos Tucumán, es la segunda vez que venimos”, aclara Patricia. El reencuentro forma parte de una costumbre que mantienen desde hace años. “Una vez al año viajamos a algún lado. A veces elegimos un destino más económico y cercano, y otras veces ahorramos durante todo el año, hacemos ‘vaquita’, compartimos los gastos y venimos todos juntos”, relatan.
La amistad comenzó en la adolescencia y se mantuvo firme con el paso del tiempo. “Nos seguimos viendo, hacemos reuniones periódicamente porque vivimos relativamente cerca. Cuando no pueden algunos, nos juntamos con otros, y así mantenemos esta unión”, dicen. Y definen el vínculo con una frase que resume la historia: “somos una familia por elección. Estamos en las buenas y en las malas”.
Al recordar los años de escuela, aparecen las anécdotas. “Nuestro viaje de egresados fue a Córdoba. No pudimos ir a Bariloche porque la mayoría nos pagamos el viaje trabajando; nuestras familias no podían afrontar ese gasto”, recuerdan juntos. También mencionan experiencias compartidas fuera del aula, como las veces que participaron en el programa “Feliz Domingo” para viajar a Bariloche. “Hicimos de todo. Fuimos tres veces a ‘Feliz Domingo’ y las tres veces llegamos a la llave final que abría ‘el cofre de la felicidad’, pero la llave nunca abrió”, menciona Sergio, todavía asombrado de su poca fortuna para el azar.
Hoy la vida de cada uno tomó caminos distintos. Entre el grupo hay docentes, directivos escolares y personas que trabajan en transporte y en otras actividades. Aun así, el reencuentro los vuelve a poner en el mismo lugar.
Sobre Tafí del Valle, coinciden en lo que más los impactó. “Nos encanta el ambiente, la naturaleza y el cuidado que tienen los lugareños por su hogar. Se nota el respeto por la tierra y por la Pachamama, y eso nos gusta y tratamos de acompañarlo”, señala otro mimebro del grupo.
Antes de despedirse, también hay lugar para los afectos que quedaron en casa. Algunos envían saludos a hijos y nietos, nombrándolos uno por uno. El grupo llegó en distintos días, pero se irá junto. “Algunos llegaron el lunes, otros el miércoles. Nos vamos todos el martes que viene, a última hora, para aprovechar bien los días”, cuenta Gladys sobre la amistad que, más de 40 años después, sigue intacta.
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Combina selva atlántica, senderos y playas de aguas claras
Angra dos Reis es la puerta de entrada a uno de los destinos más atractivos del litoral brasileño. Ubicada al sur del Estado de Río de Janeiro, esta ciudad funciona como base logística para visitar Ilha Grande, la gran protagonista turística de la región. Aunque Angra no se destaca por playas amplias en su costa continental, desde sus muelles parten a diario embarcaciones hacia la isla, donde el paisaje cambia por completo.
Ilha Grande es una de las islas más grandes de Brasil y combina selva atlántica, playas de aguas claras y senderos naturales. El principal punto de llegada es Vila Abraão, un pequeño pueblo costero sin autos, con servicios básicos para el visitante: alojamientos, restaurantes, supermercados, farmacias y agencias que organizan paseos por la isla. Desde allí se accede tanto por lancha como a pie a varias de las playas más conocidas.
Entre las más buscadas está Lopes Mendes, considerada una de las mejores playas de Brasil por su arena blanca y su extensión. Se puede llegar en embarcación hasta una playa cercana y completar el recorrido a pie, o bien hacer todo el trayecto caminando por senderos señalizados. Otra opción muy visitada es Praia do Aventureiro, famosa por su palmera inclinada y su entorno casi virgen, aunque el acceso suele estar regulado.
También se destacan Praia de Palmas y Praia do Pouso, ideales para quienes buscan aguas tranquilas y menos concurridas, y Lagoa Azul, un punto clásico para el snorkel por la claridad del agua y la presencia de peces.
Desde Angra dos Reis, los muelles de Santa Luzia y Conceição de Itacari ofrecen servicios regulares en lanchas colectivas hacia Vila Abraão. Los trayectos duran entre una y dos horas, según el tipo de embarcación y las condiciones del mar.
Ilha Grande es un destino pensado para el turismo de naturaleza: no hay grandes resorts ni tránsito vehicular, y gran parte de la isla está protegida. El plan combina playa, caminatas y paseos en barco, en un entorno que conserva gran parte de su estado natural.